La nueva generación: 2008 vs. 2009 (o aprendiendo a planificar)

Publicado: Diciembre 2008
Autor: Débora Grätzer

Tradicional síntoma del fin de año: en medio de la vorágine de las últimas semanas de diciembre, me lleno de buenos y ambiciosos propósitos laborales para el 2009. De alguna manera, todo lo malo acontecido durante el año que se escapa no parece revestir ni tanta importancia o gravedad.

Sin embargo, los “empresarios” de mi familia, aquellos que lideran la legendaria institución familiar y que no tienen la visión más objetiva que yo logro obtener desde mi lugar de Consultora Externa, no pueden dejar de preguntarse: ¿Cómo puede ser que todos los años pase “algo”? ¿Es posible que siempre tengamos que sentir que estamos al borde del abismo? ¿Alguna vez dejaremos de depender de la buena voluntad de otras empresas o entidades que nos apoyan? ¿Cómo vamos a pagar todas las obligaciones de fin de año? ¿Cómo es posible que determinados conflictos familiares sigan interfiriendo en el trabajo, después de tantos años?

Y aunque teñidos por sensaciones sombrías, también abrigan la esperanza de que el nuevo año venga, como por arte de magia, con miles de soluciones bajo el brazo, así, todo flamante y brillante. Mientras tanto, yo, que estoy pronta a partir hacia el destino elegido para mi descanso, reflexiono sobre algunas de las cosas que aprendí de la “convivencia familiar-empresarial”, y que hoy quiero compartir con Uds.:
  • Es necesario saber separar la paja del trigo: los lazos de sangre son, efectivamente, inalterables, pero nuestro rol de hijo/a, hermana/a, esposo/a de, puede –debe- separarse del rol empresario que se ocupa dentro de la estructura de la organización. Yo puedo pelearme con mi papá porque no estoy de acuerdo con determinada política de dirección que toma, pero me estaría peleando con el “Director General” y confrontando una decisión, no con mi papá.
  • Por otra parte, el lazo de sangre no garantiza poseer la capacidad de gestión, ni la formación o el know how suficientes como para desempeñarse en la empresa de familia. El parentesco no garantiza un sueldo de por vida. Yo he tenido que formarme para poder acceder a espacios dentro de la institución que eran de mi interés. Durante muchos años trabajé para otras empresas y organizaciones, y sólo entonces pude regresar con la capacidad suficiente de asumir aquellas responsabilidades.
  • Como posible sucesora, integrante de la nueva generación, más de una vez sentí las desmedidas expectativas depositadas en mí por parte de las generaciones fundadoras. Es posible no trabajar en la empresa de familia, o no hacerlo desde un puesto directivo. También es posible, como en mi propio caso, hacerlo desde el rol de Consultora Externa.
  • Es pues, trabajo de las generaciones fundadoras, comenzar a comprender que hay muchos “tipos de espacios” para ser ocupados por los integrantes de una familia y desde los cuales se puede aportar, enriquecer, opinar, construir y crecer, no necesariamente desde el lugar de la sucesión, y todos bajo un mismo proyecto.
  • Hay lugar para todos, para los que somos de la familia, y para los que no. A veces, la solución para cubrir una posición no está dentro de la familia, sino fuera de ella. Incorporar a personas ajenas a la empresa familiar, con la adecuada formación profesional no significa ser “sacrílego” con el propio emprendimiento
  • El parentesco es un lazo que en ocasiones promueve confusiones entre las cuestiones afectivas y las meramente monetarias. Hay quienes creen que no es posible mantener con un hijo/a una relación que además involucre el dinero. Una empresa de familia en la cual sus miembros no se tienen afecto, estima y respeto y se agarran de los pelos, no llegará a ninguna parte, por más dinero que tengan. Y una empresa de familia carente de los fondos suficientes para su desenvolvimiento y crecimiento, no podrá solucionar sus problemas a base del afecto que sus miembros se tengan el uno al otro. La empresa de familia de la cual formo parte ha tenido que trabajar arduamente sobre este aspecto, para comenzar a comprender que las retribuciones tiene que ser, en primer lugar, equitativas, sin privilegios, y que el dinero no es una palabra prohibida, sino que es el medio que nos permite concretar muchos anhelos.
  • Como integrante de la nueva generación poseo, en contraste con la actitud de las generaciones fundadoras, una “gimnasia” en el ejercicio de la planificación, basada en el entendimiento de que planificar permite optimizar el tiempo y los recursos. A diferencia de lo que los fundadores puedan creer, planificar no es sinónimo de perder tiempo, sino de ganarlo, de mejorar los resultados, de reducir los márgenes de riesgo y, fundamentalmente, de aprender a mirar a largo plazo. Es pues, parte de mi tarea contribuir para que mis antecesores comprendan que una planificación no hace las veces de una camisa de fuerza, sino que se trata de una herramienta flexible, que permite adecuar los objetivos en función de los acontecimientos externos.
Los cambios dentro de una empresa de familia son lentos. La idea de que nadie ni nada son para siempre es compleja y difícil de asimilar. La omnipotencia nos lleva a creer que no hace falta prepararse para el futuro, que no hay que preparar a los “sucesores”.
Por momentos se hace cuesta arriba conjugar la energía menguante de las generaciones fundadoras con la efervescencia de las nuevas generaciones. Los primeros sienten que se pierden de algo. Los segundos, que el tren debería ir más aprisa. ¿Cómo encontrar una velocidad intermedia? ¿Por dónde comenzar a pensar, idear, crear una forma de prever profunda y comprometida, que nos incluya a todos, los que se van y los que nos quedamos?

Quizás, partiendo de un análisis a conciencia de todos los obstáculos que se debieron sortear para luego, comenzar a vislumbrar todos los beneficios que la previsión y la prevención nos puede aportar.

Mi propuesta para mi familia al inicio del 2009, será la de comenzar a recorrer un camino consensuado y, fundamentalmente, planificado con compromiso y a conciencia.

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